No es que me haya metido a ingeniero, no. Es que por aquí, por coincidencias fonéticas, a la leishmaniasis se le llama aluminosis; o quizás por simplificar, como hacen los que me preguntan sobre la vacuna de la parvulosis.
El caso es que hace unos días hice un diagnóstico que me dejó más contento que a House después de todo un capítulo (hablo de oídas, en mi bloque no se puede ver Cuatro).
Un perro de un año y medio, recogido de la calle, que viene para una revacunación. Antes de pincharle me comenta el dueño que tiene una pequeña zona en el lomo por la que le sale caspa. Quizás podría haberle mandado un champú anticaspa y listo, sobre todo teniendo en cuenta que sólo tiene año y medio. No obstante, tenía un poco de hiperqueratosis en el hocico. Eso era todo, ni onicogriposis ni ningún síntoma visceral.
Test al canto, por si acaso, y se confirma: aluminosis.
Qué subidón de adrenalina cuando apuestas por un diagnóstico poco probable y se confirma, rediós.
miércoles, 31 de enero de 2007
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