miércoles, 30 de mayo de 2007

Camaleón


Todos los veranos, o casi todos, me encuentro un camaleón en actitud temeraria, o me avisa alguien de que hay algún bicho de estos haciendo el kamikaze: cruzando la calle, en la playa,...


Este domingo fue mi padre el que me dio una voz desde la entrada de la playa, para decirme que había uno de esos simpáticos bichos subiendo a las tablas que facilitan el acceso a los humanos.


El procedimiento de siempre es el mismo: recogida y rápido traslado a alguna de las retamas del pinar próximo a la playa, que es su hábitat natural que de vez en cuando abandonan (para el apareamiento o para poner los huevos). Esta vez la opción era clara: el bicho estaba a la vista de todos los bañistas (domingueros o no) que accedieran a la playa, y creo que hice bien en quitarlo de allí antes de que algún desaprensivo pensara que estaría mejor en su casa o se dedicara a fastidiarlo un poco.


Otras veces asalta la duda: ¿realmente hago bien en interrumpir su camino y ponerlo de nuevo en una retama? Quizás todos tenemos esa imagen de aquel que ayuda a un bicho a cruzar la carretera y cuando lo suelta en el otro lado llega un águila y se lo lleva; de Los Simpsons, creo que era.


Bueno, pues eso, cogí al bicho, le eché un arretrato con el móvil de mi hermana y corriendo al pinar a buscar la retama más alejada de los caminos que lo cruzan. Allí se quedó.


PD: Los camaleones es uno de los bichos que más me gustan: la adaptación de las patas (los dedos, la flexibilidad de las caderas), la capacidad para mover los ojos, la lengua (he visto a uno cazando en directo),... Y cuando van andando en plan Chiquito, que les falta decir Jarl, no puedo!!

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